No somos un fondo de inversión. Somos los que pagábamos 50 pavos cada dos meses por unos guantes que se rajaban.
Maite lleva 25 años metida en cuadras, pistas y concursos. Su hija doma caballos a diario.
Y cuando estás metido en esto de verdad, te sabes la historia de memoria:
Dejarte 50 € en unos guantes cada dos meses porque el paso de rienda los revienta.
Pagar 75 € por unos pantalones de marca para que a las tres semanas el grip de silicona haya desaparecido y la tela parezca un jersey viejo lleno de bolas.
Tirar dinero en material de boutique que dura dos asaltos.
Cuando Iván quiso montar un negocio, la idea estaba clara: o hacíamos material de verdad, o no hacíamos nada.
Nos subimos al coche y recorrimos hípica por hípica toda Cataluña. Preguntando a jinetes, profesores y mozos qué usaban a diario, qué se les rompía siempre y qué era imposible comprar sin que te clavaran un riñón.
Con esa lista empezamos a buscar fabricantes. Y empezó la odisea.
Nos llegaron pantalones de muestra tan rígidos y gruesos que parecían más de bombero o de montaña que de montar a caballo.
Guantes de plástico que no aguantaban ni una semana de trabajo.
Cuando Iván quiso montar un negocio, la idea estaba clara: o hacíamos material de verdad, o no hacíamos nada.
Nos subimos al coche y recorrimos hípica por hípica toda Cataluña. Preguntando a jinetes, profesores y mozos qué usaban a diario, qué se les rompía siempre y qué era imposible comprar sin que te clavaran un riñón.
Con esa lista empezamos a buscar fabricantes. Y empezó la odisea.
Nos llegaron pantalones de muestra tan rígidos y gruesos que parecían más de bombero o de montaña que de montar a caballo.
Guantes de plástico que no aguantaban ni una semana de trabajo.
Máscaras para moscas cuya talla más grande no le entraba ni a un poni en la cabeza y que un caballo destrozó en dos días.
Mantas de licra con medidas tan desastrosas que el cuello no coincidía con el cuerpo. O cubretendones con velcros que a la tercera puesta no pegaban nada.
Y muchas de esas muestras las pagamos como pedidos de stock completo. Dinero tirado directamente a la basura.
Tardamos año y medio de pruebas, descartes y cabreos hasta dar con el fabricante y el patrón de nuestros pantalones.
Nuestros sudaderos llevan dos años machacándose en la pista antes de que hayamos decidido ponerlos a la venta.
Aquí no hay rondas de inversión, ni despachos en el centro de Madrid o Barcelona.
Trotando Juntos está financiado al 100% a pulmón, de nuestro bolsillo.
Por eso a veces vamos más lentos de lo que nos gustaría. Porque cada euro que entra en la web se reinvierte directamente en fabricar stock de calidad real. Y porque nos negamos a vender cualquier cosa que no hayamos probado y reventado nosotros antes en la pista.
Si buscas marcas con nombres en francés, logos dorados y material que tengas que volver a comprar dentro de tres meses, internet está lleno de tiendas para ti.
Si prefieres material resistente, probado de jinete a jinete y con precios que respetan tu bolsillo, estás en tu casa.


